jueves, 20 de octubre de 2011

EL VERDADERO AMOR

El amor es la experiencia humana más sublime que hay; es un misterio de una grandeza y profundidad tales que es casi imposible de definir. Amar verdaderamente es querer el bien de la otra persona. Hay millones de libros sobre el tema del amor, y otras tantas definiciones entre las cuales debemos escoger sólo algunas de las que nos parecen más acordes con lo que es el verdadero amor. Sullivan dice: “Amar es sentir que las necesidades de la otra persona son tan importantes como las propias” y La Croix lo define: “Amar es esforzarse hasta el máximo por ser uno, sin dejar jamás de ser dos”. El amor es la fuerza de la vida; uno de los grandes poderes que mueve al mundo; una experiencia indescriptible que llena nuestra existencia de luz y de sentido; algo tan inefable que san Juan, en el Nuevo Testamento, dice que “Dios es amor”, para describir el culmen de la perfección, la bondad, la ternura, el perdón y todo lo mejor que puede existir. A través de toda la historia de la humanidad se ha hablado del amor, se le ha cantado y ha dirigido muchas veces los destinos del universo, comenzando por la creación, que fue un acto de amor. Es tan importante el amor en la vida humana que alguien aseguró: “Más vale amar sin esperanza (o amar y fracasar en el intento, diríamos nosotros) que no haber amado nunca”. Aunque es casi imposible pensar en algún ser humano que no haya vivido la emocionante experiencia del amor. No es verdadero amor el enamoramiento superficial e idealista, que es muchas veces simple atracción física, sin profundidad ni bases firmes. Tampoco lo es el amor posesivo, en el cual la persona trata a la otra como si fuese un objeto, para su propio placer, utilizándola como si pudiera disponer de ella y manejarla a su antojo. Generalmente creemos que el amor es solamente un sentimiento, un estado emocional, una fuerza que nos hace sentir atraídos hacia otra persona hasta el punto en que ya no podemos vivir sin ella, y creemos que sólo a su lado tiene razón de ser nuestra vida, pues su amor le brinda luz y belleza, significado y motivación a nuestro mundo y a la existencia. También nosotros creíamos eso y así lo vivimos cuando nos enamoramos y durante los primeros años de matrimonio. Por este modo de pensar, cuando empezamos a tener problemas en nuestra relación de pareja y a percibir entre nosotros distanciamiento y rutina, sentimos una profunda angustia, creyendo que nuestro amor podría acabarse y desaparecer el sentimiento que nos unía. Pero en esa etapa difícil, participamos en un Encuentro Matrimonial y allí aprendimos algo definitivo para fortalecer nuestro amor y renovar nuestra relación de tal manera que hoy creemos poder afrontar y superar todos los obstáculos para ser cada vez más una pareja feliz, dentro de lo que es factible en esta tierra. La enseñanza fundamental que recibimos fue: AMAR ES UNA DECISIÓN. Es decir que, además de lo que expresamos antes sobre el amor como un sentimiento y un estado emocional, al comprometernos a amar a alguien, debemos avanzar más todavía, para llegar al AMOR COMO UNA DECISIÓN, UN ACTO DE LA VOLUNTAD. El verdadero amor del que hablamos aquí significa ir más allá de tener sentimientos afectuosos y tiernos hacia el otro. Significa que en todo momento escojo y quiero amar a mi pareja tal como ella es, con sus cualidades y defectos, con sus talentos y limitaciones. Es ir más allá de mis estados de ánimo, para abrirme y relacionarme con el otro y encontrar así la satisfacción real de mis necesidades y ayudarlo a satisfacer también las suyas. Es creer en la bondad del otro, estar seguro de su amor por mí, superando mi falta de autoestima, asumiendo el riesgo de tener fe en mí y en mi pareja, para mostrarle que le sigo dando mi vida y la sigo aceptando, pase lo que pase. ”Amar es una decisión” significa recibir a la otra persona tal como es y no como tal vez la idealizamos en los primeros tiempos del noviazgo y el matrimonio, sin exigirle que cambie ni querer moldearla a nuestro gusto, permitiéndole ser lo que ella es. Amarla en los momentos alegres o en los tristes; sea que uno o ambos estemos de mal genio o que nos sintamos tranquilos; sea que estemos pasando una etapa de paz y armonía en nuestra relación, o que estemos enfrentados a una crisis. Es querer tomar la responsabilidad total de nuestra relación, luchar por fortalecerla, combatir la rutina y la monotonía, enfrentar los problemas que tenemos y no dejarlos pasar para evitar quizás un disgusto o una pelea; es buscar con empeño hacer de nuestra relación algo que valga la pena. Es amar al otro de tal manera que yo le ayude a encontrar sus necesidades insatisfechas, para que él se decida a satisfacerlas gracias a nuestra relación, pues nuestro amor es el camino más adecuado para llenar nuestras necesidades más profundas y fundamentales, haciendo de nuestra relación de pareja lo más importante en nuestra existencia, nuestra máxima prioridad. Podemos hacer de nuestro matrimonio algo grandioso gracias a la decisión de amar. “Amar es una decisión” significa también tomar la decisión de dejarme amar por el otro, pues mi falta de autoestima puede hacerme pensar que debo dar amor, pero me impide recibirlo, porque no creo merecerlo.

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